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Articulos de opinión
Caminata nórdica, un nuevo deporte
Al practicar la caminata nórdica el consumo de oxígeno aumenta entre un 20 y un 60% en comparación con la caminata sin bastones.
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La caminata, ejercicio aeróbico muy saludable y uno de los deportes más populares en el mundo entero, es muy económica y cuenta con muy pocos desertores.

El ejercicio aeróbico es aquel en que el trabajo realizado por unidad de tiempo es bajo o moderado, pero tiene una larga duración con una adecuada oxigenación de la musculatura corporal.

LA CAMINATA NÓRDICA
La caminata nórdica, una modalidad de la tradicional, consiste en caminar ayudándose de unos bastones, inspirada en el entrenamiento de los esquiadores en épocas de verano y es practicada por millones de personas, principalmente europeos.

En la caminata nórdica no solo trabajan las piernas, sino que cuando nos apoyamos en los bastones también ejercitamos toda la parte superior el cuerpo, beneficiándose la musculatura abdominal, la de los brazos y espalda, y la del cuello. Se ha demostrado que tiene un efecto regenerativo sobre el tejido óseo.

SUS VENTAJAS
Sus defensores plantean entre sus múltiples ventajas, que puede ser practicada por una amplia variedad de personas con independencia del sexo o la edad.

Mejora la estabilidad, pues se camina en "cuatro piernas", siendo los bastones las dos adicionales y la carga del ejercicio se distribuye más uniformemente en todo el cuerpo, lo que trae como resultado una sensación muy baja de cansancio y el entrenamiento de zonas "olvidadas" en la caminata tradicional.

En la caminata nórdica aumenta el gasto calórico, recomendable para los obesos y para quienes desean mantener un peso adecuado; también se incrementa el consumo de oxígeno y es un buen ejercicio para el corazón al aumentar el gasto cardíaco. Mejora la postura de quienes la practican, aporta buen humor y disminuye el estrés cotidiano.


BASTONES DE APOYO
Los bastones no pueden improvisarse ya que tienen sus requerimientos. Se fabrican de fibra de carbono, de aluminio o de una combinación de ambos materiales, pues resulta importante su flexibilidad; la altura debe ser dos tercios de la estatura del caminante y se calcula multiplicando la estatura en centímetro por 0,66.

Esto garantiza uno de los aspectos esenciales de la caminata nórdica pues el codo debe quedar más o menos en un ángulo de 90º cuando el bastón, una vez sujetado, se mantiene paralelo al cuerpo. El extremo inferior termina en espiga para caminar sobre tierra o arena y se le añade una terminación de goma intercambiable que absorbe el impacto y el ruido cuando la caminata se realiza sobre el asfalto.

En la empuñadura tienen unas correas sujetadoras que garantiza que sea inmejorable la transferencia de la fuerza de la mano al bastón. Al caminar, debe estar en contacto con el suelo el bastón, que debe hacer fuerza hacia atrás de la mano opuesta al pie de avance.

Como las dos manos andan ocupadas, la botellita con agua debe sujetarse a la cintura con un cinturón apropiado.

LOS PRIMEROS PASOS
Los que inician su entrenamiento bajo supervisión adecuada, sobre todo los de mayor edad, los sedentarios, los muy obesos, etc., deben comenzar practicando sobre el césped, con una caminata de intensidad ligera a moderada durante 15 a 30 minutos, con breves períodos de calentamiento, y finalizar con ejercicios de enfriamiento como los estiramientos estáticos.

La práctica de este deporte, en grata compañía y con amena charla, debe hacerse tres o cuatro veces por semana.

A medida que mejora el entrenamiento y la resistencia, a la caminata nórdica se le pueden adicionar mayores cargas en cuanto a velocidad, la subida de superficies inclinadas o mayores distancias.

Se puede concluir señalando que es beneficiosa para cualquier persona que quiera mejorar su salud y aspire a estabilizar de manera adecuada su peso y su figura. Los que padezcan de alguna enfermedad deben consultar con su médico antes de comenzar.

 

Profesor Consultante y Jefe del Servicio de Endocrinología
Hospital Docente “Dr. Salvador Allende”
(antigua Casa de Salud Covadonga)
La Habana – Cuba
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Prof. Alberto Quirantes

 

 
Obesidad y bebidas alcoholicas

Desde que el hombre aprendió a aprovecharse de la fermentación, produce bebidas alcohólicas y desde la época paleolítica, cuando vivió el Homo sapiens en Europa, parece que ya existía un alegre consumo de esta líquida compañía. En nuestra era cristiana el consumo del alcohol ha ido aumentando de forma indiscriminada, favorecido por la fabricación de nuevas bebidas de destilación tales como el ron, ginebra, coñac, whisky, etc.

¿CÓMO TRANSITA EL ALCOHOL POR NUESTRO ORGANISMO?
El alcohol es absorbido en un 20% en el estómago y un 80% en el intestino. El 90% de lo que se absorbe se transforma y se excreta por el hígado. El 10% restante se excreta sin metabolizar, la mitad por el aliento y el resto por la saliva, la orina, el sudor y la leche materna.
La concentración de alcohol en la sangre depende de la cantidad de alcohol absorbido por unidad de tiempo y de su velocidad de eliminación. Su absorción es mayor cuando el estómago está vacío, así como del grado alcohólico de la bebida pues su absorción comienza a ser máxima con las bebidas que contienen entre un 15 y un 30% de alcohol y se acelera con la ingestión de bebidas gaseosas.

¿SON COINCIDENTES CON EL ALCOHOL LAS BUENAS INTENCIONES PARA ADELGAZAR?
Que no le quepa duda, durante un programa de adelgazamiento NO se deben ingerir bebidas alcohólicas ya que pueden frustrarlo o entorpecerlo debido a cuatro razones a cual más importante:
1-CALORIAS: El alcohol aporta una cantidad sustancial de calorías al organismo. Un centímetro cúbico de alcohol (1 ml) contiene 7 calorías. Se encuentra entre las proteínas y los carbohidratos que aportan cada uno de ellos 4 calorías por gramo y las grasas, los nutrientes más energéticos, con 9 calorías por gramo. Estas calorías son de muy fácil combustión por lo que son utilizada inmediatamente por el organismo para proporcionar energía, demorándose o deteniéndose la degradación de sus propias grasas para este mismo fin ya que este proceso metabólico es más complejo y trabajoso. O sea, se enlentece o detiene la reducción del peso corporal. A continuación se presenta un listado del contenido calórico de algunas de las principales bebidas alcohólicas:

CALORÍAS DE DIFERENTES BEBIDAS (POR   100 CC)
Licores dulces, anís 384
Ron 360
Coñac 315
Whisky 300
Aguardiente 38º 250
Vino dulce 160
Vermut 132
Vino tinto 72
" blanco 68
Cerveza 50
Sidra 45

2-CEREBRO: El alcohol deprime la voluntad y demás centros inhibitorios permitiendo el libre juego de los instintos básicos de la personalidad. En las primeras etapas de su ingestión, el alcohol aumenta la sociabilidad, la facilidad para hablar y la autoconfianza dentro de una sensación de euforia, que es decir que nos ponemos contentos.

A mayores dosis sobreviene un estado de excitación y de embriaguez con inestabilidad emocional, disminución de la atención y de la concentración, del juicio crítico y del control, con un marcado deseo de dormitar.

Gradualmente se va perdiendo el dominio sobre el control alimentario, ya no importa comer cualquier cosa, y es muy probable que se consuma lo que no se debe y en cantidades inadecuadamente exageradas.

3-ESTÓMAGO: Cuando no se ha ingerido ningún alimento durante un tiempo más ó menos largo, el estómago sufre contracciones rítmicas intensas llamadas "contracciones de hambre". Estas contracciones producen una sensación de estiramiento o torsión en la punta del estómago que a veces provocan hasta dolor y son llamados "dolores de hambre". Como el alcohol tiene acción irritante, al ponerse en contacto con las paredes del estómago estimula el deseo de comer al provocar cierto grado de irritación a este nivel. Cuando se ingieren bebidas alcohólicas con el estómago vacío, la suma de estos dos factores actúa como un fuerte aperitivo provocando una sensación de hambre de gran intensidad que estimula el consumo de los alimentos que se encuentren más a mano, que casi nunca coinciden con los de menor número de calorías.

4-AZUCAR SANGUÍNEO: Una parte de la glucosa que llega a la sangre procedente de los alimentos es almacenada fundamentalmente en el hígado en forma de glucógeno hepático, liberándose de manera muy rápida cada vez que el organismo necesita glucosa en los estados de ayuno con el fin de mantener constantes los valores de la glicemia. Como el 90% del alcohol ingerido se metaboliza en el hígado, ello provoca el bloqueo de la transformación del glucógeno en glucosa sanguínea, además de que el etanol no puede aprovecharse ya que le es imposible convertirse metabólicamente en glucosa.

En caso de que se necesite de esta reserva, no se produce, por tanto, el aporte hepático de este carbohidrato sobreviniendo lo que se conoce con el nombre de "hipoglicemia alcohólica" que de forma inmediata se traduce como debilidad seguida de hambre cada vez más intensa que obliga a ingerir cualquier alimento que eleve el nivel de la disminuida azúcar sanguínea.

Adicionalmente, las consecuencias de la hipoglicemia en el sistema nervioso central pueden simular las de una intoxicación alcohólica, la clásica borrachera, por lo que la hipoglicemia alcohólica puede tener consecuencias muy graves si no se piensa en ella a corto plazo y se toman las medidas pertinentes.


Estos cuatro mecanismos actuando al unísono, se confabulan sinérgicamente y sin miramientos para favorecer la obesidad y para que se evaporen las mejores intenciones relacionadas con cualquier programa de control del peso corporal. De ahí que se contraindique la asistencia a actividades sociales que contemple la ingestión de bebidas alcohólicas a todos aquellos que se estén proponiendo alcanzar un peso saludable.

Una última advertencia: ante cualquier circunstancia: beba siempre con moderación.

Profesor Consultante y Jefe del Servicio de Endocrinología
Hospital Docente “Dr. Salvador Allende”
(antigua Casa de Salud Covadonga)
La Habana – Cuba
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Prof. Alberto Quirantes

 

 
Conociendo al colesterol

En la mayoría de las personas el control del colesterol se puede conseguir realizando una dieta sana, reduciendo la ingestión de grasas saturadas.
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No todos conocen que el límite máximo de colesterol diario a ingerir con los alimentos es de 300 miligramos, ni que la yema de un huevo contiene aproximadamente 213 miligramos, por lo que al ingerir dos huevos diarios ya estamos sobrepasando el techo permitido.

¿A partir de qué edad se debe controlar el colesterol sanguíneo?

Los hombres de 35 años en adelante y las mujeres de 45 años y más, deben hacerse análisis periódicos de colesterol, independientemente de que necesiten un estudio más frecuente por la presencia de otros factores de riesgo como es la obesidad o la diabetes mellitus.

¿Y los más jóvenes no necesitan realizarse esta investigación?
No es mala idea comenzar a revisar el colesterol desde edades más tempranas. Incluso los niños, sobre todo aquellos que tienen familiares cercanos con antecedentes de enfermedades cardíacas, pueden tener niveles elevados de colesterol, así como aquellos con sobrepeso, sedentarismo y genética de colesterol elevado. Nunca se es demasiado joven para investigar este parámetro y tomar a tiempo las medidas adecuadas.

Sin más vueltas, ¿qué es el colesterol?
El colesterol es una sustancia suave y de aspecto parecido a la cera y a la grasa, que se encuentra en la sangre y en todas las células del cuerpo y se utiliza en la producción de las membranas celulares, algunas hormonas y es importante en otras funciones esenciales del organismo. Es normal tener colesterol, lo anormal es tener cifras demasiado elevadas de este, pues de sustancia amiga se convierte en un peligroso agente capaz de dañar los vasos sanguíneos conocidos como arterias. Su acumulación dentro de las mismas pudiera producir un estrechamiento progresivo hasta una obstrucción completa, favoreciendo grandemente la aparición de infartos cardíacos y de accidentes cerebrovasculares. La palabra hipercolesterolemia es la que se utiliza para nominar los altos niveles del colesterol sanguíneo.

¿Y cómo llega el colesterol al organismo?
Por dos vías: el organismo produce una parte y el resto está contenido en los productos animales que se consumen, como son las carnes, embutidos, mariscos, huevos, mantequilla, queso y leche entera. Los alimentos provenientes de las plantas no contienen colesterol. Este y otras grasas no se pueden disolver en la sangre y tiene que ser transportados por "vehículos "especiales llamados lipoproteínas. Grábese el nombre: l i p o p r o t e í n a s, pues seguiremos hablando de ellas. Hay dos tipos que se deben conocer para que pueda orientarse cuando su médico le hable del asunto:
1- Las lipoproteínas de baja densidad o LDL (iniciales en inglés de low density lipoprotein) conocidas como colesterol "malo".
2- Las lipoproteínas de alta densidad o HDL (siglas de high density lipoprotein) o colesterol "bueno".
Demasiado colesterol "malo" puede obstruir arterias, creando poco a poco una capa en su pared interna y, conjuntamente con otras sustancias, es capaz de llegar a formar una placa, un depósito duro y grueso que llegaría a taponar ese vaso sanguíneo por la formación de un coágulo, sobreviniendo un infarto cardíaco o un accidente cerebrovascular. Estas son la primera y tercera causas de muerte en nuestro país, respectivamente. Este proceso se conoce con el nombre de aterosclerosis. El colesterol "bueno" se produce para nuestra protección, ya que evita que el colesterol se deposite en la pared de las arterias y lo conducen al hígado para su eliminación, actuando como un "limpiador o detergente" arterial. En la eterna lucha entre el "bueno" y el "malo", si queremos proteger nuestra salud, debemos apostar, indudablemente, por el "bueno".

¿Qué factores elevan el colesterol "malo"?
Las grasas saturadas, los ácidos grasos trans y el colesterol dietético, elevan el "malo". Las grasas saturadas son el responsable principal de esta elevación, aunque el colesterol dietético y los ácidos grasos trans son contribuyentes importantes, por lo que resulta muy importante para la salud de toda la familia tener los conocimientos necesarios para poder seleccionar los alimentos sin estos componentes o que los contengan en muy baja cantidad. Las grasas saturadas no son imprescindibles al organismo y son las que predominan en los animales terrestres y en dos vegetales, el coco y la palma.

¿Qué son los ácidos grasos "trans"?
Los ácidos grasos trans aparecen cuando se agrega hidrógeno a los aceites vegetales, convirtiéndolos en grasas sólidas. Esto es conocido con el nombre de hidrogenación, proceso que retarda el vencimiento de los alimentos que las contienen y mantiene estable su sabor, como son la manteca vegetal, algunas margarinas, sobre todo las de consistencia más sólida, las galletas saladas, caramelos, alimentos fritos o elaborados con aceite parcialmente hidrogenados, etc., todos presentes en nuestros comercios. Existen pequeñas cantidades de ácidos grasos trans de manera natural en algunos alimentos, especialmente los de origen animal. Repetimos, la excesiva ingestión de alimentos que contengan los ácidos grasos trans junto con las grasas saturadas y el colesterol dietético, elevan los niveles del colesterol "malo" o LDL.

¿Y cómo se puede conocer si los alimentos que compro contienen grasas trans?
Lea la etiqueta del producto y en el rectángulo que ofrece la información nutricional, aparece escrito la palabra "grasas trans" ó "trans", donde también se incluye datos sobre grasas saturadas y colesterol.

¿El colesterol de los alimentos predomina en los que son más grasientos?
En lo absoluto. La cantidad de grasa que contiene un alimento no es indicador del contenido del colesterol. Esto lo podemos ver en el hígado y otras vísceras como los riñones, la molleja y el cerebro, que son bajos en grasa pero ricos en colesterol.

¿Las personas delgadas están protegidas contra la elevación de su colesterol?
Si bien es cierto que las personas con sobrepeso y obesidad tienen más probabilidades de tener colesterol elevado, entre otras cosas porque comen muchos alimentos grasientos, las personas delgadas también deben revisar su colesterol periódicamente porque están menos conscientes y le dan menos importancia a los alimentos ricos en grasas saturadas y trans que comen.

¿Cómo puede normalizarse el colesterol cuando se encuentra elevado?
Mantener la salud es una responsabilidad muy personal. A menos que esté peligrosamente alta, cuando en los análisis aparezca una cifra elevada de colesterol, en la consulta médica es posible que aconsejen que puede controlarlo manteniendo o alcanzando el peso de conveniencia; dejando de fumar; seleccionando alimentos muy bajos en grasas saturadas, grasas trans y productos ricos en colesterol; y haciendo determinado tipo de actividad física por cierto tiempo, según la edad y el estado de salud. El ejercicio físico más fácil y que con más constancia se puede realizar, el que menos personas abandonan, son las caminatas, a paso vivo y con zapatos cómodos.

Cambiando para bien el estilo de vida, una gran cantidad de personas comunes y corrientes de cualquier edad pueden controlar sus cifras de colesterol. Si todo esto no fuera suficiente, es muy probable que a todo lo anterior el médico de asistencia indique algún medicamento para acabar de normalizarlo.

 

Profesor Consultante y Jefe del Servicio de Endocrinología
Hospital Docente “Dr. Salvador Allende”
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Prof. Alberto Quirantes

 

 
El agua no engorda
El agua ha sido motivo de enconadas polémicas entre los que opinan, casi siempre obesos, que el agua engorda y los del bando opuesto, que abrazan la tesis de que el agua no ceba. Sin embargo, y siguiendo los caminos de la lógica, hay una tercera posibilidad, por lo menos teórica: ¿el agua contribuye a que se baje de peso? Trataremos, lógica por medio, de demostrar cuáles son los caminos y las acciones del agua en el organismo humano.

Este preciado líquido constituye un verdadero nutriente por ser un componente esencial para el mantenimiento de la vida. No contiene ninguna caloría, pero es el nutriente más importante: en su ausencia total, la muerte sobreviene en muy pocos días. Constituye cerca de las dos terceras partes del peso corporal y en las personas sanas existe un estricto balance entre el agua que se incorpora y la que se elimina.

¿Y CÓMO INCORPORAMOS AGUA?
Como promedio, necesitamos 2,5 litros de agua cada día. A veces nuestro cuerpo pide, y hay que darle, mayores cantidades, como es el caso del ejercicio físico intenso, las elevadas temperaturas ambientales, la fiebre, los vómitos y las diarreas, etc.

Como un mensaje muy claro a los que comen en exceso, les decimos que a veces la sensación de sed se confunde con la de hambre. En ese caso se debe comenzar por beber un buen vaso de refrescante agua, ya que una vez calmada la sed desaparece la glotonería.
La persona sana puede ingerir toda el agua que desee para calmar la sensación de sed, ya que el exceso se elimina de forma rápida y fácil por los riñones.

Sumamos agua a nuestro organismo de tres maneras diferentes: los líquidos que se beben —incluida el agua como tal—, la que se encuentra contenida en los alimentos sólidos y la tercera, a través de nuestro metabolismo interno como consecuencia de los procesos metabólicos de las proteínas, las grasas y los hidratos de carbono.

Entre los alimentos más ricos en agua, 90 a 99 por ciento de su composición, se encuentra la leche descremada y semidescremada, los refrescos, el melón, la lechuga, el tomate, los espárragos, los pimientos, la berenjena, la coles y la cebolla.

Los menos favorecidos son el arroz, las pastas, las legumbres, los frutos secos, el azúcar, las galletas y el chocolate, con un modesto contenido de 1 a 9 por ciento de agua. A mitad de camino, 40 a 60 por ciento de agua, las carnes semigrasas, el salmón, la pechuga de pollo, las albóndigas, las mortadella, las pizzas, las ciruelas, y los quesos semicurados.

Una pregunta que pone a pensar a cualquiera: ¿cuál es el único alimento exento totalmente de agua? Se lo decimos y es obvio, los aceites.

Una buena noticia de reciente confirmación es que beber más agua contribuye a adelgazar, pues un mayor consumo de este preciado líquido incrementa el gasto calórico del organismo en los procesos de su absorción, distribución, metabolización y eliminación. A favor del agua podemos argumentar que este valioso nutriente es el único que no aporta ni una sola caloría al organismo humano. Las gasta pero no las restituye.

ELIMINANDO AGUA
Existen cuatro mecanismos de los cuales se vale el organismo humano normal para eliminar el agua y mantenerla en un estricto equilibrio con respecto a la que se ingiere. Los riñones es el principal, pues son los encargados, a través de la producción de orina, de equiparar la ingestión con la eliminación. Por lo tanto, una ingestión elevada de agua no representa un problema en una persona sana: el exceso se elimina fácil y rápidamente por la vía renal.

La cantidad de líquido que se pierde por el sudor, segunda vía eliminatoria de agua, es muy variable y depende del ejercicio físico y de la temperatura ambiente. Según sea el caso, varía de 100 mililitros al día como cantidad promedio diaria, hasta uno o dos litros por hora en un clima muy caluroso o con un ejercicio físico intenso, cantidades a reponer obligatoriamente gracias al mecanismo de la sed.

La tercera vía es a través de la defecación, por la cual normalmente se pierde la modesta cantidad de 100 mililitros al día. Esta cantidad puede aumentar cuando se incrementa la ingestión de fibra dietética, necesitándose un aporte adicional de agua que, hinchando y reblandeciendo el bolo fecal, hace que este circule con mayor rapidez y facilidad por el intestino con un beneficioso efecto laxante y depurativo. Al aumentar el volumen de las heces fecales, favorece su fácil eliminación.

El cuarto mecanismo es el de las pérdidas insensibles de agua que ocurre sin que sea percibida, a pesar de que se está produciendo constantemente en todos los seres humanos vivos y representa una pérdida de 700 mililitros de agua diariamente. Transcurre por dos vías diferentes; la difusión a través de la piel y que es independiente del sudor, y se produce incluso en las personas que han nacido sin glándulas sudoríparas; y la que se origina por evaporación en al aparato respiratoria. En un breve acercamiento a estos dos mecanismos, el agua que se pierde a través de la piel, 300 a 400 mililitros diarios, es controlada o balanceada por la capa córnea de este tejido rico en colesterol.

Cuando desaparece —como ocurre en las quemaduras extensas—, la cantidad que se escapa por esta vía puede aumentar nada menos que hasta diez veces y llegar a producir una pérdida de 3 a 5 litros en veinticuatro horas. Por esta razón resulta imprescindible administrar grandes cantidades de líquido a los quemados, generalmente por vía intravenosa como mecanismo compensatorio.

Por otro lado, cuando el aire entra en las vías respiratorias, se satura de humedad y como la presión del vapor de agua en el aire inspirado es menor que la que se alcanza en las vías respiratorias, constantemente estamos perdiendo agua por la respiración a razón de 300 a 400 mililitros por día.

DISTRIBUCIÓN Y FUNCIONES DEL AGUA
Si es usted un adulto promedio normal, con un peso de 70 kilogramos (154 libras) aproximadamente, es bueno que conozca que dentro de su cuerpo se albergan nada menos que 42 litros de agua aproximadamente que representan el 60 por ciento de su peso. A medida que aumenta la edad y el volumen adiposo, se incrementa en ambos casos la proporción de grasa, disminuyendo el porcentaje del agua corporal. Recordemos que el cuerpo femenino proporcionalmente tiene más grasa que el masculino.

El líquido corporal se distribuye en dos compartimientos. Dentro de los 75 billones de células que poseemos en nuestros cuerpos se almacenan unos 28 litros de agua, el 40 por ciento del peso corporal total, y es llamado líquido intracelular; el resto, el líquido extracelular en su conjunto, se distribuye como sigue: en los espacios que quedan entre las células (se conoce como líquido intersticial y constituye las tres cuartas partes de este grupo), unos tres litros de plasma sanguíneo; y los líquidos que se encuentran en las articulaciones, en el pericardio y en el peritoneo (membranas que envuelven al corazón y que rodea los intestinos, respectivamente), el que se localiza dentro de los ojos, así como el líquido cefalorraquídeo que en conjunto suman de uno a dos litros de manera aproximada.

El agua es el nutriente más necesario para el organismo humano y el que se encuentra más ampliamente involucrado en diversas funciones corporales. Su presencia se hace sentir en todas las reacciones químicas del organismo, pues es el medio donde tienen lugar. También es el vehículo de transporte de los nutrientes que van a todas y cada una de las células y, al mismo tiempo, recoge los desechos orgánicos producidos por estas para su eliminación.

Además lubrica y proporciona soporte estructural a tejidos y articulaciones y juega un importantísimo papel en la regulación de la temperatura corporal mediante el sudor que ayuda a disipar la carga extra de calor, evitando así variaciones de temperatura que podrían ser fatales.

Para finalizar y tal vez pecando de reiterativo —aunque afirmo que la repetición es la madre de la instrucción—, y para responder de forma concluyente a la interrogante que aparece en el título de este trabajo, podemos asegurar que el agua no engorda y que en todo caso contribuye a la reducción del peso corporal, pues obliga al organismo a gastar calorías en su variado procesamiento sin aportar ninguna, colocando el balance calórico en números rojos.
También afirmamos que en las personas normales no existe retención de agua gracias a un perfecto equilibrio entre la que se ingiere y la que se elimina.

Un consejo final: no aguante la sed y beba toda el agua que su cuerpo le pida.

 

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Prof. Alberto Quirantes
 
Mejorando la memoria

La memoria es la facultad de la mente que conserva y reproduce las ideas y conocimientos. Dicho de otra manera, es el poder de reproducir o recordar lo que se ha aprendido y retenido.

La mente funciona en gran medida como una computadora. El cerebro coloca la información que considera importante en "archivos". Cuando se recuerda algo, se abre un archivo. A medida que las personas envejecen, puede requerir más tiempo recuperar esos archivos.

Pero hay una buena noticia. El ejercicio físico puede ayudar a proteger no solo del declive mental ordinario, sino también de la demencia senil, aumentando el tamaño de los hipocampos, una parte del cerebro que tiene que ver con la formación de las memorias.

En los adultos sanos el hipocampo se reduce en alrededor de uno o dos por ciento al año, y el declive es aún más rápido en personas con demencia.

La pérdida de volumen cerebral en la edad avanzada, asociada con trastornos de memoria en los adultos mayores, podría retrasarse e incluso ser reversible a través de algo tan simple como las caminatas.

Esto se demostró en una investigación conjunta llevada cabo por las universidades norteamericanas de Pittsburgh, Illinois, Rice y Ohio, y publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences a comienzos de año.

El estudio fue hecho con un grupo de pacientes de edades entre 60 a 69 años que realizaron ejercicios aeróbicos, basados en caminatas, durante cuarenta minutos tres veces por semana.

Una vez finalizada la investigación se pudo comprobar a través de mediciones especiales que los hipocampos eran alrededor de un dos por ciento más grandes que al inicio.

Los que mostraron las mayores mejoras en la memoria también mostraron los aumentos más grandes en el volumen del hipocampo.

Gracias al ejercicio, incluso tarde en la vida, el hipocampo pudiera seguir produciendo nuevas neuronas. De esta forma se pudieran transformar células madre neurales en neuronas maduras, mejorándose el funcionamiento del cerebro.

Por lo tanto, el ejercicio pudiera ayudar a proteger no solo del declive mental ordinario, sino incluso de la demencia.

Además del ejercicio existen otras maneras de ejercitar la memoria y mantener la mente activa, sobre todo en aquellas personas que han abandonado la vida laboral.

Se debe leer mucho y tener un diccionario a la mano, tomar parte en actividades que estimulen la mente, como crucigramas, juegos de tablero y relaciones sociales activas, eliminar las bebidas alcohólicas, el hábito de fumar y mantenerse físicamente activo; caminar todos los días hasta por 30 minutos y mantener una alimentación saludable.

Son recomendaciones simples, pero que permitirán a los de mayor edad sumar a la experiencia de los años una excelente memoria y erigirse en buenos consejeros de los más jóvenes.


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